Eran dos hermanos criados
en el mismo hogar, cercanos entre ellos,
pero muy distintos el uno del otro.
Habían compartido la dura experiencia de
crecer junto a un padre alcohólico,
autoritario, irresponsable, el cual estuvo
varias veces en la cárcel por creer vivir
bajo su propia jurisdicción.
El hermano mayor se convirtió en
alcohólico, dejó la escuela y se casó.
Frecuentemente maltrataba a su familia,
apenas trabajaba y en repetidas ocasiones
tenía problemas con la policía.
Cuando en una ocasión le preguntaron
porqué actuaba de esa manera, él contestó:
- Con un padre y una infancia como la
que tuve, ¿Cómo hubiera podido ser distinto?
El hermano menor, a pesar de los
problemas y dificultades, nunca dejó de
estudiar, se casó y se convirtió en un
atento esposo y en un buen padre.
Era también un empresario exitoso que
aportaba mucho a su comunidad.
Un día, en una entrevista, le
preguntaron a qué atribuía el éxito
que en su vida había tenido, y respondió:
- Con un padre y una infancia así,
¿Cómo hubiera podido ser distinto?
Jovenes, ¿Cuáles son tus herencias
y cómo has decidido usarlas?
Saludos
martes, 20 de marzo de 2012
miércoles, 14 de marzo de 2012
UN ERROR MUY COMÚN
Había una vez un niño con muy mal carácter.
Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo
que clavara uno en la cerca del jardín cada vez
que él perdiera la paciencia y se disgustara con alguien.
El primer día clavó 37. Pero con el transcurso de
las semanas, aprendió a controlarse y el número de
clavos incrustados en la cerca disminuyó día tras día:
Había descubierto que era más fácil controlarse que
plantar clavos en la barrera.
Semanas después fue a ver a su padre y le dijo que
durante ese día no había plantado ningún clavo. Su
padre le dijo entonces que quitara un clavo de la
cerca por cada día que no perdiera la paciencia.
Los días pasaron y finalmente el niño pudo decirle
a su padre que había removido todos los clavos. El padre
condujo a su hijo a la cerca y le dijo:
"Hijo mío, te has comportado bien, pero mira todos
los huecos que hay en la cerca. Ella no será jamás como
antes. Cuando te peleas con alguien y le dices algo
que hiere o maltrata, le causas una herida como ésta."
"Tú puedes clavar un cuchillo en un hombre y después
retirarlo, pero quedará siempre una herida. Sin importar
cuantas veces te disculpes, la cicatriz permanecerá."
Una herida verbal hace tanto daño como una herida
física.
Los amigos son joyas escasas, te hacen sonreír y
te animan. Están listos para escucharte cuando lo
necesitas, te sostienen y te abren el corazón.
Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo
que clavara uno en la cerca del jardín cada vez
que él perdiera la paciencia y se disgustara con alguien.
El primer día clavó 37. Pero con el transcurso de
las semanas, aprendió a controlarse y el número de
clavos incrustados en la cerca disminuyó día tras día:
Había descubierto que era más fácil controlarse que
plantar clavos en la barrera.
Semanas después fue a ver a su padre y le dijo que
durante ese día no había plantado ningún clavo. Su
padre le dijo entonces que quitara un clavo de la
cerca por cada día que no perdiera la paciencia.
Los días pasaron y finalmente el niño pudo decirle
a su padre que había removido todos los clavos. El padre
condujo a su hijo a la cerca y le dijo:
"Hijo mío, te has comportado bien, pero mira todos
los huecos que hay en la cerca. Ella no será jamás como
antes. Cuando te peleas con alguien y le dices algo
que hiere o maltrata, le causas una herida como ésta."
"Tú puedes clavar un cuchillo en un hombre y después
retirarlo, pero quedará siempre una herida. Sin importar
cuantas veces te disculpes, la cicatriz permanecerá."
Una herida verbal hace tanto daño como una herida
física.
Los amigos son joyas escasas, te hacen sonreír y
te animan. Están listos para escucharte cuando lo
necesitas, te sostienen y te abren el corazón.
martes, 13 de marzo de 2012
¿BUENA O MALA SUERTE ?
JOVENES DE 4A Y B LES COMPARTO UN PEQUEÑO RELATO SOBRE PENSAMIENTO POSITIVO:
A pesar de ser un campesino muy pobre, tenía un
caballo extraordinario, tan fino que el señor
del castillo quería comprárselo, pero el viejo
labriego se rehusaba a vendérselo.
-Para mí, este caballo no es solamente un animal,
es un amigo. ¿Cómo puedo vender yo a un amigo?
Una mañana el labrador entró al establo y no
encontró a su caballo. Al enterarse, los
vecinos le dijeron:
- Te lo advertimos. Debiste haber vendido el
caballo, te negaste y ahora te lo robaron.
!Qué mala suerte tienes!
El viejo hombre les respondía:
- ¿Mala, o más bien buena suerte?
Todos se burlaban de él.
Dos semanas después, el caballo regresó
seguido de una manada de potros salvajes.
su corcel había escapado detrás de una hermosa
yegua y retornaba ahora con la manada entera
siguiéndolos.
- ¡Qué suerte! -exclamaron los vecinos.
El viejo hombre inició entonces con su hijo
la tarea de domar los caballos. Una semana más
tarde, el muchacho se rompió una pierna entrenando
a los potros.
- ¡Qué infortunio! ¿Quién lo va a relevar, si no
tiene cómo contratar a un reemplazo? -comentaron
los vecinos.
El anciano les contestó:
- ¿Mala, o buena suerte?
Pasaron unas semanas, cuando de repente el ejército
real llegó al pueblo y enlistó a los jóvenes en sus
filas.
Todos fueron enrolados excepto el hijo del viejo,
quien no les interesó, porque tenía una pierna
fracturada.
- ¡Qué suerte tienes! -le dijeron los vecinos
llorando-. A nuestros hijos se los llevaron a la
guerra y probablemente morirán, mientras tu hijo
permanecerá contigo.
Conmovido, el viejo hombre replicó:
- Buena o mala suerte, ¿quién sabe?
La vida es más rica y generosa que nuestra imaginación.
Todo lo que nos sucede, por muy difícil y doloroso que sea,
está cargado de tesoros y posibilidades.
Abre tu corazón y tu mente!
Usa tu fuerza y tu coraje para buscar lo mejor de cada situación.
Así harás más llevaderas las adversidades.
Las podrás usar para crecer y sobretodo contribuirás a tu felicidad y
la de los tuyos.
A pesar de ser un campesino muy pobre, tenía un
caballo extraordinario, tan fino que el señor
del castillo quería comprárselo, pero el viejo
labriego se rehusaba a vendérselo.
-Para mí, este caballo no es solamente un animal,
es un amigo. ¿Cómo puedo vender yo a un amigo?
Una mañana el labrador entró al establo y no
encontró a su caballo. Al enterarse, los
vecinos le dijeron:
- Te lo advertimos. Debiste haber vendido el
caballo, te negaste y ahora te lo robaron.
!Qué mala suerte tienes!
El viejo hombre les respondía:
- ¿Mala, o más bien buena suerte?
Todos se burlaban de él.
Dos semanas después, el caballo regresó
seguido de una manada de potros salvajes.
su corcel había escapado detrás de una hermosa
yegua y retornaba ahora con la manada entera
siguiéndolos.
- ¡Qué suerte! -exclamaron los vecinos.
El viejo hombre inició entonces con su hijo
la tarea de domar los caballos. Una semana más
tarde, el muchacho se rompió una pierna entrenando
a los potros.
- ¡Qué infortunio! ¿Quién lo va a relevar, si no
tiene cómo contratar a un reemplazo? -comentaron
los vecinos.
El anciano les contestó:
- ¿Mala, o buena suerte?
Pasaron unas semanas, cuando de repente el ejército
real llegó al pueblo y enlistó a los jóvenes en sus
filas.
Todos fueron enrolados excepto el hijo del viejo,
quien no les interesó, porque tenía una pierna
fracturada.
- ¡Qué suerte tienes! -le dijeron los vecinos
llorando-. A nuestros hijos se los llevaron a la
guerra y probablemente morirán, mientras tu hijo
permanecerá contigo.
Conmovido, el viejo hombre replicó:
- Buena o mala suerte, ¿quién sabe?
La vida es más rica y generosa que nuestra imaginación.
Todo lo que nos sucede, por muy difícil y doloroso que sea,
está cargado de tesoros y posibilidades.
Abre tu corazón y tu mente!
Usa tu fuerza y tu coraje para buscar lo mejor de cada situación.
Así harás más llevaderas las adversidades.
Las podrás usar para crecer y sobretodo contribuirás a tu felicidad y
la de los tuyos.
SIEMBRA UN HÁBITO
Siembra un pensamiento y cosecharás una acción;
siembra un acto y cosecharás un hábito,
siembra un hábito y cosecharás un carácter,
siembra un carácter y cosecharás un destino.
siembra un acto y cosecharás un hábito,
siembra un hábito y cosecharás un carácter,
siembra un carácter y cosecharás un destino.
Emerson
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