CONTADOR DE VISITAS

Contador de Visitas

jueves, 2 de agosto de 2012

A ti quién te condena?

 Dos hombres fueron condenados. La sentencia consistía

  en que en un día determinado, en veinte años, serían

  torturados lentamente hasta la muerte.

   Al escuchar la sentencia, el más joven se retorció de

  la pena y del dolor, y a partir de ese día, cayó en una

  profunda depresión.

  "¿Para qué vivir?" se preguntaba, "si de todas maneras

  van a arrebatarme la vida, y de una manera inconcebiblemente

  terrible?"

  Desde ese día nunca fue el mismo. Cuando alguno de sus

  cercanos, compadecido por su estado, le ofrecía apoyo para

  tratar de alegrarlo, respondía rencorosamente diciendo:

   - Claro, como tú no tienes que cargar mis penas, todo te

  parece fácil.

   En otras ocasiones también replicaba:

   - Tú no sabes lo que sufro, no es posible que me

  entiendas...

   Y, a veces, alegaba en voz alta:

   - ¿Para qué me esfuerzo? Si de todas formas...

   Y así, poco a poco, el hombre se fue encerrando en su

  amarga soledad y murió mucho antes de que se cumpliera

  el plazo de los veinte años.

 El otro hombre, al escuchar la sentencia, se asustó y se

  impresionó, sin embargo a los pocos días resolvió que,

  como sus días estaban contados, los disfrutaría.

  Con frecuencia afirmaba:

  - No voy a anticipar el dolor y el miedo empezando a

  sufrir desde ahora.

  Otras veces decía:
 
 - Voy a agradecer con intensidad cada día que me quede.

  Y, en vez de alejarse de los demás, decidió acercarse

  y disfrutar a los suyos, para sembrar en ellos lo mejor

  de sí.

Cuando alguien le mencionaba su condena, respondía

  en broma:

  - Ellos me condenaron, yo no me voy a condenar sufriendo

  anticipadamente y, por ahora, estoy vivo.

  Fue así que, paulatinamente, se convirtió en un hombre

  sabio y sencillo, conocido por su alegría y su espíritu

  de servicio.

  Tanto, que mucho antes de los veinte años, le fue perdonada

  su condena.