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jueves, 2 de agosto de 2012

El Anciano junto al Aljibe

Había una vez un anciano que vivía sentado junto a un aljibe, a la entrada de un pueblo.
Un día pasó un joven y entabló la siguiente conversación con el hombre:
- Discúlpame anciano, nunca he venido por estos lugares, ¿cómo es la gente de aquí?
-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?
-Egoístas y malvados. Por eso estoy contento de haber salido de allá.
-Así son los habitantes de esta ciudad.
Horas después, pasó otro joven. Esto fue lo que hablaron:
-Buenos días, sabio anciano. Soy nuevo por aquí, ¿cómo son los habitantes de esta ciudad?
-¿Cómo son los habitantes de la ciudad de donde vienes?
-Buenos, generosos, honestos y trabajadores. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho irme.
-También los habitantes de esta ciudad son así.
Un hombre había escuchado las dos conversaciones y, en cuanto el joven se alejó, le dijo al anciano:
-¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta? ¿Eres acaso un hipócrita?
-Mira -contestó el anciano-, cada persona lleva el universo en su corazón. Lo que rodea a una persona, todo el entorno de ella, es un reflejo de lo que hay en su interior. Quien no encuentra nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí. En cambio, aquel que tiene amigos, también aquí los encontrará. Porque las personas son lo que tienen dentro de sí mismas. Continuamente se encuentran con su yo interior.